MURCIÉLAGO 16
Preámbulo
Se ha hecho costumbre ver las enredaderas en las casas de los vecinos,sumergirse poco a poco en las vidas cotidianas de sus habitantes.
No se sabe a ciencia cierta si las personas que habitan en esas casas son personajes de un cuento esotérico, donde el final; sería el empezar el otro capítulo a otra vida.
Sus caras reflejan una eminente cansancio como sumergidas en una cotidianidad; donde se observan que emergen como corchos en una tina de agua; tal vez sean una metáfora ó un intento de vida más simple.
Enfrente de la casa de los vecinos se estacionan los autos en una pendiente aproximadamente de 35°a 45° grados, hacia abajo de la calle.
Ahí, todos los días,como cada mañana aparecen una pareja siempre callada, sin saludar a ninguna persona. En la noche se convierten en dos fantasmas al entrar aparentemente a la casa. Es como una isla sumergida en la ciudad.
Se puede percibir muchas veces la vida como una isla en medio de algo, que nos puede acercar o alejarnos en forma individual, colectiva, intuitiva,etc. Podríamos acabar barriendo las ideas en donde se podría concluir de forma cotidiana. Nos volvemos espejos de las horas, laberintos de nuestros propios caminos.
MURCIÉLAGO 16

Los mosquitos y todo tipo de insectos se acumulan en la enredadera; convirtiéndose en parte de los habitantes mutantes, inéditos ciudadanos.
Se escucha una persona que se disculpa por no encontrar la llave para abrir la reja..
La llave es la clave para abrir ya sea la casa u otra dimensión, es un ritual de espiritualidad, que refleja el uso de los años.Es como perder la razón, donde no se puede llegar a ella.
Se ocuparía desplantar todo esa maleza puritana que a final se llena de mosquitos de todos colores, tamaños y picaduras.
Se escucha una voz sobre la calle; quiere empezar una conversación,tratando de cierta forma ser acertado.
Se escuchan unos pasos se acerca hacia la mujer, ella insiste abrir la reja que tapa la enredadera.
El aspecto de la mujer que se refleja en la luz de la calle, tiene una apariencia de cierta manera ultratumba,su cabello lacio se puede ver que es sintéticamente y masivamente descuidada por los tintes que tal vez no daban el tono, color y textura natural como aquella enredadera verde.
-Estamos de suerte.- se escucha en la penumbra,como queriendo salir de la oscuridad pero solo se podía percibir el olor a cigarrillo, entre esa humedad que penetraba en la aroma de la brisa y ese fugaz olor a suerte.
-Tal vez le pueda ayudar- insistió el hombre entre las sombras.
-Tengo herramienta precisamente para esas llaves que suelen atorarse con el tiempo .
Se escuchaba la voz como una forma de diálogo que podría decirse ameno, pero sin respuesta.
Solo un silencio cruzaba entre las hojas de la enredadera y el cigarrillo, consumiéndose como hierva seca en una luz muy profunda, pero pequeñísima, suspendida en la obscuridad por una boca de alguien que puede ser una sombra más de la noche como tantas otras.
Al no tener respuesta comentó:
Como es que nos sorprendemos de forma inmediata cuando vemos personas que salen de los callejones, sin pendiente de ser más que intrusos de cierta forma, una ayuda en medio la penumbra que ofrezca para abrir una reja oxidada, que a pesar del nerviosismo sería salvada por un individuo oculto por la oscuridad.
La mujer sumergida en esa búsqueda constante era la solución a su primera pieza de encrucijada;
- Permítame- le respondió la mujer. Se dejó caer una llave de forma ovalada y en cierta forma irregular, sonó como si estuviera rota de alguna una parte.
-Creo que no podré usarla, se ha puesto de manifiesto la luna y creo que no es lo que busco. Ocupo la llave correcta me pierdo siempre en esta enredadera tan verde ..-
Se volvió aprender una luz diminuta, que al parecer se suspendía en la boca de aquel hombre.
-Ya es tarde; se escuchó de nuevo una voz insistente.
-¿Cómo podremos comunicarnos usted y yo, si está renuente y no se se deja ayudar?
La mujer sin voltear respondía apurada,incómoda.
-Espero desde hace tiempo que alguien traiga la llave que pueda abrir esta reja que más que oxidada, está atorada de tantos años, vidas, enredaderas creciendo en ella.
Se percibió un ambiente no sereno ante la incógnita de la llave, el silencio de la noche, la mujer agridulce con su cabellera como peinada para ser enterrada en una tarde sin lluvia, sin sol sin nada.
Se escuchaba la voz de la mujer y el olor del cigarrillo de aquel hombre entre sombra esfumándose junto con el humo casi claro, casi, húmedo.
Todo se sentía como si algo fuera a cerrarse, sin haberse abierto ninguna puerta, sin ninguna llave.
La noche se hundía cada vez más que pasaban las horas, esas horas de menor a mayor tensión.
-Creo que la he visto en esta misma puerta; varios días anteriores. Le comento el hombre sin luz ,sin asomar una esquina de su cara.
-Creo que lo he visto fumarse la vida con ése cigarrillo que nunca termina.- Le contesto de forma burlona la mujer; pero a la vez volteando a la cerradura tratando de abrir la puerta de la reja que la enredadera cubría.
El hombre prendía de nuevo un cigarrillo. La mujer impaciente le reprochaba-
-¿De nuevo fumando?- respondió de forma sarcástico.
-Fumo a veces seguido o a veces esporádico, dependiendo el turno.
-¿Turno? Pregunto la mujer -¿Trabaja por ésta calle?-
-Suelo hacerlo, incluso abro las puertas que se atoran con los años, bueno algunos vecinos suelen pedirme la llave que soluciona de una forma u otra abrir cerraduras hasta las más oxidadas como dice usted .
- Me trajo hasta aquí la curiosidad de por qué siempre la veo batallando con la misma reja, sabiendo que puede pedirme el favor sin ninguna factura de antemano.
La mujer solo suspiro y dejo soltar de su cuello una mascada perfumada color violeta con unos dibujos disipados transparentemente delineados.
-Ha sido el tiempo; contestó cansada.
-El tiempo, ¿cómo ha sido eso? ¿Qué tiempo?
Se dejo ver caer la mascada, como si fuera una hoja de esa enredadera, de ésas y muchas otras.
-Ven, acércate; Creo que es hora de irnos. Le dijo la mujer
Se escuchó a lo lejos una ventana cerrarse de forma abrupta.
A lo lejos se divisó el alba con su luz perdurable, rojiza entre unas nubes traviesas.
Ya llego el alba del día, y tú murciélago se te va la muerte, se te va la vida.
Así desapareció la casa, su enredadera, la mujer,el hombre entre las sombras que se fumaba las horas que daban vida a la muerte.
Fin
Angélica Luna
16 de julio 2014